Por Redacción | Investigación Péndulo Online
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Ciudad de México.— El anuncio del expresidente estadounidense Donald J. Trump de ordenar la identificación y divulgación de archivos sobre vida extraterrestre y fenómenos aéreos no identificados (FANI) reavivó uno de los debates más persistentes en la política y la seguridad nacional de Estados Unidos: qué sabe realmente el gobierno y por qué durante décadas lo mantuvo bajo reserva.
La declaración ocurre en un contexto donde el propio Pentágono ha reconocido la existencia de incidentes aéreos no explicados, aunque sin validar hipótesis extraterrestres.
Desde 2020, el Departamento de Defensa confirmó la autenticidad de videos grabados por pilotos de la Marina que muestran objetos con movimientos inusuales. Un año después, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional informó al Congreso que, de 144 casos analizados, solo uno había sido explicado con certeza.
Sin embargo, el reconocimiento oficial de “fenómenos no identificados” dista de confirmar la presencia de inteligencia no humana. Los informes más recientes de la All-domain Anomaly Resolution Office (AARO) apuntan a drones, globos, fenómenos atmosféricos o limitaciones técnicas como causas probables en la mayoría de los casos revisados.
La pregunta de fondo no es si existen objetos no identificados —el propio gobierno admite que sí— sino si la desclasificación prometida implicará una apertura real o una liberación parcial cuidadosamente filtrada bajo criterios de seguridad nacional.
La desclasificación como herramienta política.
La historia reciente muestra que la
información sobre OVNI ha sido utilizada en distintos momentos como argumento presupuestal, narrativa estratégica o elemento de presión legislativa. El Congreso estadounidense ha celebrado audiencias públicas donde exfuncionarios denunciaron presuntos programas secretos de recuperación de materiales “no humanos”, sin presentar evidencia verificable.
Trump no detalló qué archivos serían abiertos, bajo qué marco legal ni qué dependencias participarían. La desclasificación en Estados Unidos requiere procesos interagenciales complejos y suele excluir información vinculada a capacidades militares sensibles.
Más que una revelación inminente, el anuncio se inserta en una dinámica política donde la transparencia compite con los intereses de seguridad nacional.
América Latina: archivos abiertos, respuestas limitadas
En América Latina, el fenómeno OVNI también ha transitado entre el secreto militar y la apertura parcial de archivos.
En México, en 2004, la Secretaría de la Defensa Nacional difundió un video captado por la Fuerza Aérea en Campeche donde se observan luces detectadas con cámara infrarroja.
El material fue presentado como evidencia de objetos no identificados; hasta hoy no existe una conclusión oficial definitiva.
Brasil desclasificó documentos de la llamada “Operación Prato” (1977), investigación militar sobre supuestos ataques luminosos en la región amazónica de Colares. Los archivos confirmaron la pesquisa, no la naturaleza extraterrestre del fenómeno.
Chile y Argentina crearon comités oficiales para analizar reportes bajo criterios aeronáuticos. Ambos países reconocen incidentes “no identificados”, pero no han validado hipótesis extraordinarias.
En la región, la constante es similar a la estadounidense: reconocimiento de eventos sin explicación inmediata, pero ausencia de pruebas concluyentes sobre visitas alienígenas.
Entre el misterio y la evidencia
La comunidad científica sostiene que la búsqueda de vida extraterrestre es legítima en el ámbito de la astrobiología, pero subraya que no existe evidencia empírica pública que vincule los FANI con civilizaciones avanzadas.
El fenómeno, entonces, permanece en una zona ambigua: oficialmente real como objeto de estudio, pero no confirmado como contacto extraterrestre.
La eventual apertura de archivos en Estados Unidos podría aportar contexto histórico y técnico. No obstante, la experiencia muestra que la desclasificación rara vez desmonta por completo las estructuras de secreto en materia militar.
Más que responder si “estamos solos”, el debate vuelve a colocar en el centro la relación entre Estado, información clasificada y opinión pública.
Y esa discusión, más política que extraterrestre, apenas comienza.